viernes, 24 de marzo de 2017

Guapa, yo no puedo estar loco

Por favor dime que lo que veo es cierto, que no estoy solo en este concierto, que estamos en la misma frecuencia, que no me equivoco.

Ya esto no es una cuestión solo de si estoy enamorado de alguien que no siente lo que yo cuando la toco, no, esto es sobre estar o no loco. 

Y tienes que entender porque quiero que me lo  digas, y porque solo te puedo contar tan poco.

Y sé que me equivoco, cuando de pronto me pongo tonto y actuó por impulso, una avalancha solitaria que de pronto se queda quieta y congelada hasta que tú llegas a mirarla y le dan ganas de besarte.

Me tienes dando vueltas en un torbellino que nadie ve. Si te acercas demasiado quizá quedemos ambos atrapados. 

No quiero seguir mareado y solo, compartamos este desastre, lo hizo el mejor sastre.

Entiende que solo te puedo contar tan poco, por si me equivoco.

Pero cuando te veo me sonrojo. Guapa yo no puedo estar loco.

Pero cuando me miras lo ves. Guapa yo estoy un poco loco.

Y será que eso te gusta y te asusta.

Solo dime una cosa,

¿Hay amor o esto es lo que significa estar un poco loco?

martes, 3 de enero de 2017

Neon Signs


Neon signs, they lead to noncombustible distraction.

Come have something to eat, have a drink and laugh, and dance and sing.

Forget that we have something to fix. A world which hangs by only a string.

No need for action, just follow the arrow, it will lead you to noncombustible distraction.



miércoles, 17 de octubre de 2012

La Verdad


La Verdad

Hay mucho más detrás de lo que roza nuestra mirada
Tristemente atrapado dentro de nuestras mentes cerradas
Todo lo que creemos ver son solo sombras exageradas
Es poder, no es querer, y por más que quieras, necesitas saber

Así como una película no es más que una representación
Para una mente sellada la realidad será siempre una ilusión
Oculto detrás de lo no visible hay un mundo infinito
Pero a simple vista todo es solo un relieve de algo que se mira detrás de un filtro

Si no sabes como encontrar aquello que los ojos no enseñan
Si no sabes arrebatarle la verdad a una oración
O lo que se encuentra funcionando detrás del telón
No te pongas triste, quizá es por tu bien, quizá sea una bendición

jueves, 19 de julio de 2012

El Adicto y la Embajadora

Esa noche decidí quedarme a dormir en el portal de la casa de la embajadora, habían pasado mas de diez años desde que ya no vivía en la casa de al lado con mis padres y seguro ya no era embajadora pero así es como yo la conocí de pequeño y siempre la recordé de esa manera. Ella sería mi despertador cuando buscara la leche por la mañana en la puerta de su casa, espero que me reconozca antes de pegar un grito y despertar a todo el barrio. De cualquier forma, como despertador, funcionaría.

Eran días amargos, y no lo digo solo por el sabor de la ginebra barata que me acompañaba a todos lados y a todas horas sino porque mi vida se encontraba en una calle sin líneas, no habían limites ni puntos de referencia y además no aparecía por ningún lado el letrero de vuelta en U. Debí haberle hecho caso a los comerciales que repetían que no hay que manejar borracho, mucho menos por las calles de mis días, llenas de huecos, curvas repentinas y tan abandonadas como aquellas carreteras que cruzan los desiertos sin fin.
Mi único consuelo, la única compañera de mis travesías por el mundo era la frase que me dijo algún día uno de esos pocos que quisieron quedarse a mi lado cuando se cruzaban conmigo. Recuerdo esa tarde como si fuese ayer.

Caminando algo borracho, como siempre, por la calle de alguna ciudad de este enorme mundo un señor desconocido me detuvo y me preguntó si lo extrañaba, claramente me pareció muy raro que me hiciera esa pregunta, aunque no era para nada mas extraño que muchas de las cosas que solía hacer por aquellos días. La cosa es que como tenía tanto tiempo sin sentarme a hablar con alguien y mucho mas tiempo aun sin extrañar a alguien le respondí que si lo extrañaba, con todo el sentimiento de quien extraña a un amigo de la infancia o una botella de vino luego de días de sobriedad, y lo invité a tomarse unos tragos.

Nos sentamos en las cómodas bancas de madera del malecón, donde el sonido de las olas del mar reventando contra la muralla y la brisa salada me relajaban. Saqué mi botella de gin y nos serví a ambos medio vaso con un toque de gaseosa de limón. El tipo era un romántico con el corazón roto, a sus cuarenta y cuatro años no había podido superar un amor de sus inmaduros treintas, me dijo que había estado embrujado por el amor de ella durante 10 años, aunque él pensaba, y tenia su teoría de que quizá habían sido 3 o 4 y el resto creación y fantasía de su hipocondriaco corazón. Por lo que me contaba su vida no parecía tan descarrilada como la mía, tenía una casa, carro, dos hijos y un perro cariñoso pero me decía que nada lograba devolverle  el sabor a sus días. Fue entonces que, palabra a palabra, con lentitud y una contagiosa tristeza, con la mirada clavada en el fondo de su vaso pronunció la frase que mas de siete años después aún conservo fresca en mi memoria. “Mas duele el sinsabor de los días dulces que el amargo sabor de los días mas amargos.”.

Quién sabe cuanto dolor tuvo que soportar él para llegar a esa conclusión, tanto dolor que al final su cuerpo se volvió inmune a las texturas de la vida y se torno totalmente insensible a ellas, haciéndole imposible diferenciar la felicidad de la tristeza. Comprendí lo que me quiso decir desde el momento en que compartió conmigo su frase pero por suerte no por experiencia propia. En estos días difíciles de mi vida mi consuelo es que aún puedo sentir la deliciosa amargura de los días tan claramente como puedo saborear mi trago favorito, y aunque disfruto un poco de mi adicción a lo amargo tengo que aceptar que a veces extraño lo dulce y tranquilo; el suave sabor de una caricia, la tierna voz de un beso, el cálido mensaje de las palabras de afecto. Esas cosas las cambié por miles de botellas de ginebra.

La embajadora. Mi vecina favorita. Como me quería esa señora. No parecía querer a nadie más que a mí. Detestaba a su perro, o más bien al perro de su esposo. A su esposo lo quería un poco mas que a su perro pero menos que a su jardín y hasta con su jardín se molestaba cuando las flores no crecían como ella quería. Recuerdo la primera vez que hablé con ella más allá del buenos días obligado por mi madre cuando la veía alguna mañana. Fue a los ocho años, cuando toqué la puerta de su casa para decirle que el delicioso olor de sus galletas horneándose llegaba hasta mi ventana y le pregunte si me dejaría probarlas.

Me dejó pasar a su casa y me sentó en su lujosa sala a esperar a que estuviesen listas las galletas. No recuerdo exactamente de que hablamos pero la puedo ver tomándose un té con sus guantes blancos y su peinado extravagante. Me acuerdo que me dijo algo acerca de la música, que nunca debía dejar de oír la música de mi interior o algo así. Debió haber sido porque le dije lo increíble que era la colección de discos de vinilo que tenia cubriendo una pared completa de su sala, aún recuerdo esa pared maravillosa. A los 18 años, poco antes de mudarme de la casa de mis papás, ella me hablaba de los sueños y me insistía en que si hay algo que resuena adentro mio y su eco es infinito es porque hay una voz que sigue gritando, una voz que quiere, o mas bien que necesita que la escuchen.

Por la mañana quien me despertó fue el perro de la casa, no pensé que siguiera vivo. Para mi mala suerte si lo estaba, pero a juzgar por su aliento no por mucho tiempo. Al parecer salió al oír al repartidor de la leche y al encontrarse conmigo en la puerta no encontró nada más divertido que hacer que ponerse a lamerme la cara. Me tuve que aguantar ese olor que no voy ni a describir hasta que la embajadora apareció algunos minutos después.

Apenas me vio me reconoció. “Parece que Marco ya te dio la bienvenida, seguro querrás lavarte la cara, no quiero saber que ha estado lamiendo ese perro. ¡¿Pasaste la noche afuera de mi casa?!”. Después de lavarme la cara nos sentamos en su sala, me ofreció unas tostadas con mantequilla y mermelada y un vaso de leche que yo con mucho gusto acepté. Se rió lo mas cariñosamente que pudo de mis harapos y al ver mi mochila militar me dijo con un tono algo burlón que no estaba enterada de ninguna guerra en el mundo. Le conté que luego de dejar la Universidad me dediqué a pasear por el mundo sin ningún trabajo fijo y que cuando llegué a la ciudad lo primero que había pensado era en pasar a saludarla.

No pude evitar desahogarme con ella como un niñito. Le conté de mi falta de dirección, de mi amor por la botella, de mis noches bajo puentes y en parques oscuros. Se sintió tan bien poder hablar sinceramente con alguien que no me juzgaba ni se reía de mi.

–  Sabes – me dijo –  detrás de esta linda casa y mi duradera relación matrimonial hay muchas cosas que no merecen ser mencionadas. Yo tengo mis propias adicciones invisibles a todo el mundo. Soy adicta a pensar en el pasado, adicta a mi matrimonio fracasado. También soy adicta a una que otra pastilla. ¿Sabes cual es la diferencia entre tú y yo? Que tu eres honesto, tienes tu adicción a la vista de todos, muestras abiertamente que hay algo que no quieres enfrentar pero no te da miedo decir que está ahí, yo, en cambio, llevo una falsa piel sobre mi adicción. Las apariencias ocultan todas mis verdades. Cuando estoy sola comienzo a sentir todas estas verdades observándome, hablándome, me rodean y me aterro. Es por esto que me mantengo tan ocupada de 7 a 7, reuniones sociales, los quehaceres de la casa, me invento excusas para ir al super, a la tienda de muebles, varias horas en el salón de belleza varias veces a la semana. Todos los días me ahogo un poco mas entre todas estas cosas insignificantes.

No quiero que te sientas orgulloso de ser un alcohólico, lo que te digo es que nunca ignores esa voz interior, nunca te engañes y te olvides de quien realmente eres. Esa voz, ese dolor, esa amargura, todo eso es tu única verdadera guía, están ahí por una razón muy importante. Eres un chico joven e inteligente y sé que entenderás lo que te estoy diciendo. Dale gracias a Dios o en quien tu creas que esta allá arriba que todavía sientes algo, es síntoma de que estas mas vivo que nunca y que quieres mejorar, que puedes mejorar.

Antes de irme de su casa me regaló un montón de galletas iguales a las que preparaba cuando yo era pequeño. Me dijo que si me aburría de la amargura me comiera una galleta, y que solo cuando mi vida y las galletas tuvieran el mismo sabor habría logrado complacer a mi voz interior y ser una persona, no dos, ni tres, ni cuatro personas distintas escondiéndose una de otra.

Me fui con el corazón contento. Mi mochila siendo una clara metáfora de mi vida, una botella de amarga ginebra y una bolsa de dulces galletas, así me sentía en ese momento. Mi misión era clara, y mi norte, más marcado que nunca. 

jueves, 12 de julio de 2012

Como Cuando era Pequeño

Un sentimiento muy particular lo inundó, se perdió por unos segundos en un mundo de alguien que creía olvidado, de alguien que se había quedado en sus años de temprana niñez. Ya no tenía 4 ni 5, casi 2 décadas habían pasado desde eso, pero algo detonó la precisa molécula en su cerebro que tenía que activarse para que súbitamente toda la escena que se desenvolvía esa tarde en su cuarto reviviera memorias de aquellos tiempos, tiempos teñidos por imágenes y texturas provenientes de sus mas preciadas posesiones: los invencibles muñecos de superhéroes, los cientos de legos de todas las formas y colores (y claro, ¡sus mega construcciones!), sus libros de dinosaurios que lo hacían soñar despierto, sus caballos de peluche, compañeros eternos a la hora de dormir, y muchísimos mas tesoros que componían su egocéntrico mundo en donde él tenía lo mejor que existía, cada juguete mejor que los de cualquier otro niño.

Recordó a una tímida niña entrando en su reino, hija de una amiga de su papá, quien llegó a su fortaleza y se puso a observar detenidamente todos sus juguetes. Caminó al centro de su cuarto, cargaba una pequeña loncherita amarilla, levantó la mirada y se puso a ver el abanico de aspas de crayolas azul, verde, amarilla y roja que giraba lentamente encima de ambos. Luego de que la nana los presentara, él recuerda perfectamente un sentimiento que jamás olvidaría, uno que lo llevo a darle un rápido besito en el cachete que ella con disimulo se limpió.

Cuando se sentaron bajo el abanico, él, con motivo de presumir lo mejor de su botín, abrió un cajón debajo de su cama y saco un gran dinosaurio rojo, se lo dio diciéndole que podía jugar con él, el tiranosaurio mas fuerte de toda la tierra (añadiendo que no le gustaba correr porque ya una vez se le había salido la pierna). La niña que parecía tan tímida saco de su loncherita amarilla un deportivo rosado con dos muñecas Barbie adentro y le dijo que su carro era mas rápido que su dinosaurio, devolviéndoselo inmediatamente. Él de una vez empezó a sacar más dinosaurios, diciendo que unos eran más rápidos que su carro y que otros podrían sin dificultad alguna aplastar a sus muñecas. Ella, muy segura de si misma le decía que no, que era imposible alcanzar a su carro y comenzó a sacar ponys de todos los colores y libros que hablaban cuando apretabas botones en sus paginas. Así paso la tarde, cada uno jugando con los mejores juguetes del mundo.

20 años después allí estaban ella y él en el mismo cuarto, nuevamente dos amigos que se acababan de conocer. Él le contaba de sus novelas favoritas y ella le decía que prefería la filosofía. Compartían el gusto por muchas bandas pero él no soportaba la música clásica que a ella le encantaba. Escuchó atento los planes que ella tenía para cuando terminara la maestría y él le contaba su sueño de ser guitarrista. Cuando ella le menciono su deseo de irse a Europa él contesto que seguramente se iría a los Estados Unidos, ambos mostraron una leve tristeza, o quizá fue solo él.

Al fin entendió lo que le hizo recordar sus años de niñez. Le había mostrado su guitarra y le había puesto su música. Ella le había recitado sus poemas. Todo sucedió tal cual harían los dos niños que una vez fueron. La diferencia era que esta vez él no quería demostrarle nada, quería que ella viera en él algo valioso, que supiera todo lo que se llevaría si lo elegía a él, porque él ya la había elegido a ella. Le faltaba una reina para su reino, él quería regalarle los mejores juguetes del mundo, esperando que ella jamás se atreviera a jugar con el único que conservaba desde que nació, el mismo que le dijo que le regalara el beso a esa niña, a esa niña que nunca se lo devolvió. 

jueves, 5 de julio de 2012

Detrás del Telón

Sujeto: #25,675,987

Estado: Bajo estricta observación desde hace 0.012 segundos (1,302 días mentales).

Razón de la Observación: Error 011 (CSRU: Contaminación del Sistema de Realidad Única).

Pronóstico: Incierto. Sujeto muy inteligente pero demasiado aferrado a sus sentidos primitivos.

Intervención: Muy probable. Ya se envió el reporte junto con el resumen representativo del periodo de observación, el cual se encuentra a continuación.

Camina por la cubierta de madera de su pequeño velero negro. Las velas blancas brillan con el sol del mediodía y las tablas de madera se sienten calientes bajo sus pies. Saca la champaña ya muy fría de la champañera dorada y la llena de agua de mar, desparrama el agua sobre el caliente piso de madera mojándolo, hace esto 3 veces mas. Siente como el sol quema deliciosamente sus cachetes, su nariz, su pecho y sus hombros. Sumerge su gorra blanca en el agua hasta empaparla y se la pone sobre su pelo negro, el agua comienza a correr por su cara, hombros y espalda aliviando un poco el calor. Una leve y tibia brisa sopla y hace aun más placentero el efecto del agua sobre su cuerpo.

Su copa ya está vacía así que la vuelve a llenar, agarra un queso manchego y una rebanada de jamón serrano de la tabla de picar y se vuelve a sentar en la silla de pescar mirando el horizonte y saboreando la mezcla de sabores en su boca. Toda su atención se dirige al sonido del mar y el muy suave ronroneo de las pequeñísimas olas chocando contra su pequeño velero negro. Se toma un trago de su champaña helada y se pierde en el infinito donde el celeste claro de un cielo sin nubes se confunde con el turquesa del tranquilo mar.

Se encuentra en su oficina, en su cubículo, en su realidad. Siente el olor del café barato que se sirven los demás en la cocina a solo unos pasos de su puesto, el aire acondicionado no funciona así que lo agobia el calor del verano en su oficina sin ventanas y el sonido de su pequeño abanico portátil rebota en las paredes de su enano cubículo y lo vuelve loco. Al parecer se había quedado dormido y las 2 de la tarde se habían convertido en las 4. Todavía tenía más de 50 informes por procesar y sabía que se los tendría que llevar a su casa. Se para, va a la cocina y le pregunta al tipo que se sienta detrás de él que porque no lo había despertado y este le responde que no es su nana y que todos los días es la misma historia, que deje de meterse drogas, que se tome algo para el insomnio o compre café colombiano si el de la oficina no le gusta. Vete al carajo le responde él.

6 de la tarde. 34 informes en su maletín. Oscuras y solitarias escaleras del viejo edificio del Banco Atlántico. Un bus lleno de gente sudada y cansada. Lluvia mezclándose con los últimos rayos de sol y la oscuridad que comienza a arropar la ciudad. Su apartamento a dos calles del barrio chino. Planta de tomates muerta. Cocina sucia. Cama deshecha. Olor a hierba. Ceniceros desbordándose. Botellas de vino vacías ordenadas en fila sobre la repisa encima del televisor. 3 libros abandonados en su mesa de noche. 10 de la noche. 9 informes por terminar. Cama.

Recuerda cuando despertaba en una cabaña en Indonesia. Una cabaña en la punta de una montaña rodeada por un lago azul en donde se refleja la distorsionada impresión del sol cuando las nubes blancas interceptan sus rayos. A la derecha de la cabaña un volcán altísimo, a la izquierda y a pocos kilómetros un pueblo de cuatro mil habitantes. Sabanas de lino blancas, un olor a incienso y una brisa fresca que entra en el momento justo en que se estira y bosteza recibiendo el día. Una hermosa mujer a su lado, la besa y siente el dulce sabor de sus labios carnosos, su aliento es una mezcla particular de un único sabor a sexo y café que le dan la bienvenida al paraíso. Aquella mujer exótica de rasgos finos y piel trigueña lo ha puesto a alucinar por días.

A pesar de que hay  un tren que pasa por la base de la montaña y para en el pueblo el decide caminar y aprovechar el hermoso día que hace. Una caminata de no más de 1 hora. A mitad del camino el cielo se nubla repentinamente y se escuchan bombas a lo lejos, no sabe de que dirección vienen pero decide por intuición ver hacia el volcán detrás de ellos, un humo negro sale de su cráter y el suelo comienza a temblar. Comienzan a correr y después de diez minutos de estallidos y una lluvia de cenizas logran ver el pueblo a una corta distancia cruzando un puente sobre un rio. Un fuertísimo estallido lo hace volver a mirar para atrás, lo que viene ahora podría fácilmente matarlos. Rocas de lava desde el tamaño de cocos hasta el tamaño de carros comienzan a cruzar el cielo, empiezan a caer muy cerca de ellos pero el solo sentía una adrenalina infernal, no miedo, su corazón a mil por hora y su cabeza activada como nunca antes. Se sentía una hormiga escapando de la extinción pero la lucha era agradable. Si moría o no le daba igual.

Obviamente no murió porque a las 10 de la mañana su jefe lo llamaba, haciéndole levantar su cabeza de los informes sin terminar y ahora babeados. Se arregla el pelo y ajusta la corbata y va adonde su jefe. Este le pregunta si ya tiene los papeles listos y luego de su sincera respuesta le recuerda que es la quinta vez en menos de 3 meses que le pasa lo mismo, ya se estaba hartando de su incompetencia. Los termina al mediodía, los entrega y se retira con una excusa barata.

Bus. Casa. Cama. Televisión. Vino y marihuana.

No registramos movimiento intencional ni sincero en la actividad de su Realidad Única, al parecer esta funcionando en automático. Seria una lastima que se perdiera porque era de los soñadores, de los pocos que aún quedan. Aunque son tantos los que se pierden últimamente, y cada vez mas jóvenes… Lo que más me sorprende es que supuestamente están evolucionando pero no veo más que sueños muertos por doquier. ¿Qué pasó con aquel hombre del renacimiento de hace algunos instantes? ¿Quién les está quitando la esperanza, la iniciativa, las ganas de lucha?

Vamos a intervenir, yo creo que uno que se salve puede ser el ejemplo para los demás.
Te están mirando, eres el centro de atención, el eje de todo lo que existe, apenas miras a tu derecha las cosas se materializan, giras y aquello que veías se desvanece y lo remplaza un oscuro vacío. Intentas hacer eso con estas personas que te observan pero aunque escapen a tu mirada ahí siguen. Los reconoces pero no sabes quienes son, solo sabes que los has visto antes. Con su mirada, ni siquiera eso, con su sola presencia te están diciendo algo. Te sientes culpable, te sientes regañado, te sientes en peligro. “¿Qué estás haciendo acá?” te preguntan ambos a la vez pero sin siquiera abrir sus bocas, permanecían mirándote fijamente, juzgándote con una seriedad inexplicable. Les dices que no sabes que está pasando, que tú no perteneces a ese lugar y quieres irte.

Intentas moverte pero no puedes, no tienes control. No tienes idea de lo que estás haciendo ahí, sabes que no eres de ahí pero tampoco recuerdas de dónde vienes. Les dices que lamentas cualquier cosa mala que hubieses hecho, sea lo que sea fue sin querer. Sientes como todo tu cuerpo está fijado desde cada uno de sus átomos a otra cosa, todo tu cuerpo encajado con todo lo demás como piezas de un rompecabezas que no puedes desarmar. “Estas detrás del telón.” - te dicen - esta vez no los estabas viendo, mirabas hacia el piso, veías como todo parecía vibrar, pero sabias que sus voces venia de tu propia cabeza, es tu propia voz, es como si te hablaran por telepatía.

Tu sueño está a un par de días de ser destruido, sabemos que has estado soñando y disfrutas más de aquello sobre lo que no tienes control alguno que sobre el sueño que te pertenece. Aquello que ves cuando duermes no es mas que una realidad alterna, son caminos que hubieses alcanzado si hubieses tomado una decisión distinta en algún momento de tu vida. Esto no muchos lo entienden, así como nadie termina de creer que están del lado del telón donde se llevan a cabo los espectáculos en los cuales cada uno es el protagonista mientras así lo deseen. Tú has dejado de escribir el guion. Estas dejando que tu espíritu débil se convierta en tu destino. Si quitamos la pausa y dejamos que pasen los años tu vida correrá en automático, el control que has dejado de tener en estos últimos casi cuatro años solo se copiara al resto de tu vida y tus decisiones serán una consecuencia de tu actual manera de pensar y de lo que has acostumbrado a tu carácter. Veras toda tu vida como un sueño de atrás hacia adelante y la ultima imagen que veras será una lapida, no será nada agradable porque soñaras por el resto de la eternidad en los miles de caminos que pudiste recorrer. Te dejaremos regresar al escenario, no lo arruines, es la última oportunidad para que esta escena, tú escena, salga a la perfección.

Me desperté de ese extraño sueño con lágrimas en los ojos y la piel erizada. Algo en mi había cambiado, me había sentido tan cerca de la muerte que era imposible olvidar aquel sueño. Ordené mi pequeño apartamento, fui a mi oficina y renuncié, no sin antes de irme decirle a mi jefe que algunos de los informes estaban babeados, no lo tomo con el mismo humor con el que yo se lo dije.

Del sueño venimos y a él siempre regresamos. Algún día esta vida que por obra de alguna ilusión parece tan larga no será más que otro sueño que no podremos controlar, ¿te gustará el sueño que soñarás entonces?

“La vida y los sueños son páginas de un mismo libro.” – Schopenhauer 

lunes, 11 de junio de 2012

Ella: El Cuento Que No Sobrevivió

Estaba entre densos arbustos negros y miles de hormigas amarillas, supongo que me habré sacudido con fuerza para quitármelas de encima porque terminé en la parte fría de la almohada, ya fuera del peligro del bosque y sus tinieblas.

Me desperté agitado pero ya mucho más aliviado. A mi lado estaba Helena susurrando algo en su sueño, le presté atención para intentar discernir alguna palabra pero era inútil, su susurro era una sopa de letras. Apagué el aire acondicionado y prendí un cigarrillo, sabiendo que en cualquier momento se despertaría molesta por el olor que pronto impregnaría el cuarto.

Con Cristina hubiese sido otra la historia. La hubiese despertado, para por esos minutos que preceden al completo despertar, cuando todavía se está un poco anestesiado por Morfeo, ser aún un poco más nosotros y no tanto los demás. Usaríamos ese momento cuando aún los sueños son un poco reales y no tan incomprensibles para ser fugitivo y bailarina erótica, ladrón y mercenaria, soldado y princesa.

La hubiese despertado con unas manos un poco asustadas y llenas de vigor y le hubiese contado mi sueño de las hormigas con las manos. Ella, con la característica de sus sueños siempre placenteros y ligeros se habría dejado llevar. Mis manos la acariciarían enterita, simulando el caminar constante de las hormigas y mis oídos escucharían sus suspiros mientras sus ojos negros, viendo algo por debajo de un par de parpados trigueños y delgados, se moverían todavía con pereza de enfrentar el día.

Así nos gustaba a nosotros contarnos los sueños, así era siempre mejor. Sueños tan reales como el calor debajo de las sabanas o el olor de las almohadas, la suavidad de su piel o la fuerza de mis manos. Definitivamente más reales que cuando intentábamos contarlos con las palabras del diccionario.

Cristina fue una novela que algún día tuve, y cuyas páginas visito seguido en mis recuerdos.

Helena es un cuento corto. Pero como todo cuento corto que se topa con un error, no hay manera de arreglarlo, se convierte en un cuento que no vale la pena seguir contando.

Ella no es de compartir sus sueños, prefiere hablar de las cosas del mundo en donde reinan los relojes y calendarios. Para ella los sueños no son nada, al menos nada más que un sinsentido ridículo. Es por esto que yo casi nunca le cuento a ella los míos. Así se me olvidan más rápido y los despertares son menos alegres. Todos los días un poco más iguales.

Helena se despertó amargada, quejándose por el calor y el olor a cigarrillo. – “El problema quizá sea que este cuento aún no se ha terminado y ya yo estoy pensando en el que sigue” – Le dije –  mientras veía fijamente el humo subir en espiral hacia el techo.

–“¿De qué estás hablando? ¿De nuevo hablando de tus sueños que cada día son más raros?”

Prendí el aire acondicionado y al salir del cuarto dije: –“Este cuento se acabó casi tan rápido como este cigarrillo, pero tranquila, el olor no se quedará por mucho tiempo.”– dejando una estela de humo detrás mío camino hacia la puerta.

domingo, 10 de junio de 2012

El tic-tac del Reloj

Puta madre, este tiempo que no para. ¡Párate! Que el tiempo pasa y pasa y tu regado en tu casa. Cazador de sueños: duermes y el tiempo pasa, sueñas despierto y pasa. Pasa, siempre pasa que cuando ríes de tus sueños o lloras tus pesadillas ya te dejo otra copia llamada día. Redondo, agujas como trompetas artefacto que te grita en la cara cada mañana que el tiempo es oro. ¿O quizá no lo sabes puesto que no es una prenda de oro? Horas y horas con él y todavía no sabes que con él se consigue cualquier tesoro. Roncas mientras que el reloj no comprende porque tu tristeza, porque tu que piensas diferente eres pura pereza. Sal de tu casa, el reloj te empuja, te grita, pero tú no te inmutas ni te preocupas. Pasa que el tiempo ya  despertó y tu, tu sigues ahí, regado en tu casa. Algún día ni de tu casa podrás salir, caminaras lento, paso a paso mientras el tiempo pasa y pasa, y ni el talento te podrá salvar del tic tac del reloj que te gritara en la cara “cambiaste todo por una almohada”.

jueves, 24 de mayo de 2012

El Canje

Me levanté con la clásica resaca de todos los días, la había intercambiado por dos páginas de palabras que seguramente nadie comprendería y que en el mercado de la literatura de bolsillo valen menos de lo que me costaron las cervezas que me tome la noche anterior.

Busqué el periódico en la entrada de mi apartamento. Proseguí con la misma rutina de los últimos 3 días: buscar en los clasificados un carro de segunda que se ajustara a mi apretado presupuesto. “Civic ‘01 inmaculado” “Yaris ’04 en perfecto estado” “Nissan Almera ‘05, remate por mudanza” “Vida del año ‘81, algunos golpes pero nada grave, cuenta bancaria importante, canjeo por una vida soñada”. Iría a la calle de Civic a Yaris y de Yaris a Almera para terminar volviendo a mi casa sin carro, misma historia de todos los días, nada valía la pena. 

Espérate. Eso no es un carro. ¿Vida del año ‘81? Llamaré a este tipo, al menos quizá pueda sacar una historia de esta locura.

Llamé al tipo mientras recogía las botellas de cerveza vacías de mi cuarto, había mojado la mitad de mi libro de derecho penal y tenía examen en 2 días, carajo. Me contestó una voz un poco chillona y muy cortés. Quedamos en encontrarnos ese mismo día a las 6 de la tarde en un café de la calle Villamonte.

El Sr. Estévez era 8 años mayor que yo. Había logrado acumular una pequeña fortuna en sus 7 años de ejercer la abogacía. Usando los contactos de su papá había trabajado con gente involucrada desde la política hasta el narcotráfico, me lo contó todo sin pelos en la lengua.

– Estamos aquí por mi anuncio en los clasificados, así que cuéntame un poco de tu vida a ver si llegamos a un acuerdo – me dijo luego de tomarse unos cuantos sorbos de su expreso. –

– Pues mi vida no es nada especial, estoy estudiando leyes pero eso no me interesa en lo absoluto, mi pasión es la escritura, aunque eso no va muy bien y el futuro por ese camino se ve cada vez menos real, es un sueño que creo que jamás lograré realizar. –

Me ofreció entregarme su vida a cambio de la mía. Una cuenta con 2 millones de dólares, un apartamento de 400m2 y un carro de $70,000 como intercambio por mi pequeño apartamento de 65m2 y deudas de la luz y agua. También se llevaría mi dolorosa pasión por la escritura. Acepté sin vacilar, al día siguiente amanecí en un apartamento con vista al mar y un carrazo en el garaje.

Año tras año ocupé su puesto en la firma, cada año parecía envejecer tres, a los cuarenta parecía de sesenta. Él por su lado intentó sacarle jugo a su nueva pasión, intentando escribir la obra maestra que yo nunca alcancé a terminar.

A los 42, harto de mi vida de lujos superficiales y un trabajo insípido alquilé un cuarto en un hotel 5 estrellas y pedí una botella de Johnnie Walker. En la mesa de noche había un libro ganador de 3 premios de literatura: “La Aventura de un Canje” por Luis Estévez. Esa noche me perdí en el libro que pude haber escrito y cada trago que bebí revivía dolorosos recuerdos de la decisión tomada hace más de veinte años.

viernes, 4 de mayo de 2012

Mi Papel

Deja en paz al papel. Él no tiene la culpa de que tú te comportes como una muchedumbre en medio del carnaval, chocándote con todo, embriagado sin saber por donde caminas ni adonde estás.

No me jodas y déjame jugar con el papel como me da la gana, al menos él fue hecho para eso, su destino es ser un lienzo para que los demás escriban sobre él, y yo solo escribo lo que pienso.

No por eso tienes que usarlo con tanta rudeza, podrías ser un poco más cariñoso, demuéstrale tu lado un poco menos cruel.

Él está cumpliendo su papel mientras escribo sobre él. Si lo dejo en blanco sentado sobre mí escritorio le estaría haciendo daño, no quiero que se confunda y piense que es como el cuadro en la pared o el calendario en el baño, no, él tiene su papel. Si yo me conociera tanto como él no tendría que estar actuando, inventando ni buscando tanto, si yo fuera él no tendría que estar pensando, pensando en cuál es mi papel.

El Mentiroso y sus Mentirosas

Dibujando estas letras fabricadas con pequeños círculos, líneas horizontales y verticales voy tejiendo un texto indecente, que al final, con suerte, quedará al menos un poco coherente. Voy construyendo frases y “significados”, voy dejando un poco de mi alma en el papel, o al menos intentándolo. Alucino que lo logro, que logro dejar un poco del peso de mi alma en algún lugar fuera de mí pero es mentira. Escribir es como tirar un bumerang. Del otro lado a alguien se le acercan las palabras, alguien que nunca las llegará a tocar, le susurran un poco al oído (en forma de un suave abaniqueo) y se convierten, a veces, en algunos pensamientos y después regresan con mas fuerza.

Cada vez que leo lo que escribo se vuelve un poco distinto. Núnca es lo mismo. Es como la noche antes y después de la borrachera, es la misma noche pero uno no es el mismo. ¿Son las palabras tan mentirosas que un día te dicen una cosa y al siguiente otra? ¿O será que el tiempo pasa tan rápido que me transforma? Será que ahora tengo una cabeza que piensa diferente, que tiene un par de ojos un poco más viejos o que han aprendido a no ser tan crédulos. Los significados se van transformando hasta convertirse en el reflejo de una persona diferente, un poco menos sensible, o quizá… no, si, definitivamente un poco menos sensible. Un poco más resistente. O quizá solo sea una ilusión, otra más. Quizá.

Otra noche, otra botella y otra borrachera por favor, así termino por ver lo mismo diferente, al menos así si sé que estoy viviendo una ilusión y no me engaño con una realidad desechable hecha de palabras mentirosas.

O quizá no mienten y soy yo el que es diferente ahora.

Ya, apago mi mente.

También miento.

Tan bien.

jueves, 3 de mayo de 2012

Un Viaje Largo

¿Sigues ahí? me estoy yendo en un viaje largo por lugares nuevos y quisiera que me recomendaras un par de canciones para el camino, no quiero llevarme la misma música que siempre escucho.

Lo siento pero ya me fui, yo tampoco quería seguir oyendo la misma música de siempre. Aquí siempre oirás lo mismo, nadie quiere cambiar. Pero vete tranquilo con tus viejas canciones que en tu nuevo recorrido y a donde sea que vayas encontraras todo nuevo y podrás deshacerte de tus viejas canciones para escuchar música nueva. Eso si, allá donde vayas seguro también despreciaran tu música, esa que aquí tanto disfrutan, esa de la que ya te cansaste.

Cuando regreses, porque sé que lo harás, no traigas tu música nueva, aquí a nadie le gusta el cambio, nadie te agradecerá tu música “extraña”.